El Crimen de un Académico
(Anatole France)
"Me había puesto las zapatillas y el batín. Enjugué mis ojos empañados por una lágrima que les arrancó el viento al cruzar el muelle.
Una lumbre llameante ardía en la chimenea de mi despacho; una tenue capa de hielo que cubría los cristales de las ventanas formaban floraciones semejantes a hojas de helechos, y ocultaban a mi vista el Sena, sus puentes y el Louvre de los Valois.
Acerqué al fuego mi sillón para ocupar junto a la lumbre el sitio que Halmícar se dignaba dejarme. Halmícar hecho una bola, dormía cerca de los morrilloa sobre un almohadón de plumas con el hocico entre las patas; una respiración acompasada hacía oscilar su pelo abundante y suave; al sentirme, entreabrió los ojos y sus pupilas de ágata bajo sus párpados entornados, que cerró enseguida, como si pensara "No es nadie: es mi amigo"
¡Halmícar! le dije mientras estiraba las piernas. ¡Halmícar, príncipe soñoliento de la ciudad de los libros, guardián nocturno!, tú defiendes contra los viles roedores los manuscritos y los impresos que el viejo sabio adquirió gracias a un modesto peculio y a un celo infatigable. En esta biblioteca silenciosa protegida por tus virtudes militares duermes con el abandono de una sultana, porque reúnes en tu persona el aspecto formidable de un guerrero tártaro y la gracia apacible de una mujer de Oriente. Heroico y voluptuoso Halmícar duermes en la espera de la hora en que los ratones bailarán a la claridad de la luna ante los Acta Sanctorum de los doctos bolandistas.
El principio de aquel discurso agradó a Halmícar, el cual lo acompañó de un murmullo semejante al hervor de un puchero; pero como alcé la voz, Halmícar agachó las orejas y arrugó la piel atigrada de su frente para darme a entender que era de mal gusto declamar así.
Halmícar meditaba:
"Este hombre, que tiene tantos libros, habla sin decir nada, mientras que nuestra cocinera sólo pronuncia palabras llenas de sentido, sustanciosas, ya con el anuncio de una comida, ya con la promesa de algún castigo. Se sabe lo que dice. Pero este viejo emite sonidos que no comprendo"...
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