lunes, 9 de enero de 2012

Bellos Comienzos

PRINCIPE Y MENDIGO
(Mark Twain)

" En la antigua ciudad de Londres, cierto día de otoño del segundo cuarto del siglo XVI, nació un niño en una familia pobre, de apellido Canty, que no lo deseaba. El mismo día nació otro niño inglés en una familia rica, de apellido Tudor, que sí lo deseaba. Inglaterra entera lo deseba también. Llevaba Inglaterra tanto tiempo deseándolo, esperándolo y pidiéndole a Dios que lo mandara, que una vez que el niño llegó efectivamente, el pueblo se volvió medio loco de júbilo. Meros conocidos se besaban y abrazaban llorando, y todo el mundo se tomó un día de holgorio, altos y bajos, ricos y pobres, tuvieron sus festines bailaron, cantaron y se pusieron entre dos luces, todo lo cual duró días y noches. De día Londres era un espectáculo digno de verse, con sus alegres banderolas que ondeaban en cada balcón y en cada tejado y con espléndidas retretas por la calles. De noche era otro espectáculo no menos merecedor de admiración, con sus grandes fogatas en cada esquina y su grupo de gente jaranera que alborotaba en torno de ellas. En toda Inglaterra no se hablaba sino del nuevo niño Eduardo Tudor, príncipe de Gales, que yacía arropado en sedas y rasos, ajeno a todo aquel bullicio ignorante de que le asistían y cuidaban grandes lores y excelsas damas, y sin divertirse además. Más no se hablaba palabra del otro nene, Tom Canty, envuelto en andrajos, cómo no fuera entre la familia de mendigos a quienes no había venido sino a desazonarlos con su presencia"...

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