FENIX
(D. H. Lawrence)
"La helada duró muchas semanas. Hasta que los pájaros empezaron a morir rápidamente. En los campos y bajo los setos, veíanse dondequiera desgarrados despojos de frailecicos, de estorninos, de mirlos, de malvíes, innumerables mantos desgarrados y sangrantes de pájaros cuya carne devoraban invisibles animales de rapiña.
Luego, repentinamente, una mañana, se operó el cambio. El viento sopló hacia el sur, llegando del mar tíbio y sedante. De tarde, había leves destellos de sol, y las palomas empezaban a arrullar lenta y torpemente, sin intervalos. Arrullaban , aunque con sonidos forzados, como atontadas por el sopor del invierno. Pero durante toda la tarde prosiguieron con su ruido, en la placidez del aire, antes de que la escarcha se derritiera junto al camino. Al anochecer, el viento soplaba suavemente, acariciando aún la costra de la escarcha sobre la dura tierra. Luego, en el crepúsculo de amarillos fulgores, los pájaros salvajes empezaron a silbar débilmente en los bosquecillos de endrinos del lecho del arroyo.
Aquello sorprendía y casi asustaba, después del pesado silencio de la helada. ¿Cómo podían aquellos seres cantar a un tiempo si la tierra estaba acribillada de destrozados cadáveres de pájaros? Sin embargo, de la noche surgían los indecisos y argentinos sonidos que ponían en guardia el alma, atemorizándola casi. ¿Cómo podían llamar a reunión tan rápidamente los pequeños clarines en la suavidad del aire, si la tierra estaba encadenada aún? Con todo, los pájaros seguían silbando, de un modo más bien vago y entrecortado, pero lanzando al aire las hebras del sonido, germinante.
Dolía casi descubrir, tan rápidamente, el nuevo mundo. El mundo ha muerto. ¡Viva el mundo! ¡Pero los pájaros omitían hasta la primera parte del anuncio, sus gritos sólo era un débil, ciego y fecundo viva!
Hay otro mundo. El invierno ha desaparecido. Hay un nuevo mundo de primavera. La voz de la tórtola se oye en la tierra. Pero la carne rehuye tan brusca transición. ¡Sin duda, el reclamo es prematuro cuando los terrones están helados aún y el campo acribillado de restos de alas! Pero no hay alternativa. En los valles de impenetrable endrino, ahora, todas las noches y todas las mañanas, revolotea un silbido de pájaros.
¿De dónde surge el canto? Después de tan prolongada crueldad... ¿cómo pueden compensarla tan pronto? Pero el canto burbujea en ellos; son como pequeñas fuentes, como pequeños manantiales de donde se escurre y brota el agua. No pueden remediarlo. En sus gargantas, la nueva vida se destila en sonido. Es el surgir de la argentina savia de un nuevo verano, que avanza gorgoteante."...
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