EL SECRETO DEL FUEGO
(Henning Mankell)
"Sofia corre a través de la noche.
Está oscuro y tiene mucho miedo.
No sabe por qué corre, ni por qué tiene miedo, ni adónde se dirige.
Pero hay algo ahí, detrás de ella, algo en lo profundo de la noche que la asusta. Sabe que tiene que ir más deprisa, que tiene que correr más rápido: porque eso que hay ahí detrás, y lo único que puede hacer es correr. Corre siguiendo un camino que serpentea entre arbustos y zarzales. No ve el camino pero se lo sabe de memoria, sus pies saben dónde tuerce y dónde sigue recto. Es el camino por el que pasa cada mañana con su hermana María hasta llegar al pequeño campo donde cultivan maíz, lechuga y cebolla. Cada mañana al amanecer va allí, y cada tarde, poco antes de que se ponga el sol, vueven ella y María, acompañadas entonces también por su madre Lydia, a la pequeña choza en la que viven.
Pero ¿por qué corre ahora por ahí, cuando es de noche y está oscuro? ¿Qué es lo que la persigue en la oscuridad? ¿Un monstruo sin ojos? Puede sentir su respiración en la nuca, así que intenta ir más de prisa todavía. Pero no tiene fuerzas. Piensa que tiene que esconderse, salirse del camino y acurrucarse, hacerse pequeña entre la maleza. Da un salto como ha visto hacer a los antílopes y se separa del suelo.
Y entonces se da cuenta.
Eso era precisamente lo que el monstruo de la oscuridad quería que hiciera.
Dejar el camino. Lo más peligroso de todo.
Cada mañana su madre Lydia decía:
-No te apartes nunca del camino. Ni tan siquiera un metro. Nunca cojas atajos.
Prométemelo.
Sabe que hay algo peligroso en la tierra. Soldados armados que nadie puede ver. Enterrados, invisibles. Que esperan y esperan a que un pie los pise. Intenta desesperadamente mantenerse en el aire. Sabe que no puede poner los pies sobre el suelo. Pero no logra sostenerse en el aire, no tiene alas como los pájaros, así que cae hacia el suelo, las plantas de los pies ya acarician la tierra seca.
Entonces se despierta.
Está empapada en sudor, el corazón le late con fuerza en el pecho y al principio no sabe dónde está. Pero oye la respiración de sus hermanos dormidos y de su madre. Están pegados unos a otros en el suelo de la pequeña choza. Con cuidado alarga su mano y la pasa por encima de la espalda de su madre. Se mueve pero sin despertarse.
Sofia está tumbada con los ojos abiertos en el silencio de la noche.
La respiración de su madre Lydia es suave e irregular, como si ya estuviera despierta y prreparando la papilla que comerían por la mañana. A su izquierda están Alfredo y Faustino, que es tan pequeño que aún no ha aprendido a andar. Sofia piensa que pronto habrá uno más durmiendo sobre el suelo de la choza. Su madre Lydia parirá dentro de poco tiempo. Sofia la ha visto gorda varias veces antes. Sabe que no pueden faltar muchos días"....
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